(2018-05-30) El aire contaminado cambia la expresión genética de las neuronas

El equipo de Julia Ljubimova, directora del Centro de Investigación en Nanomedicina en Cedars-Sinai ha publicado en Scientific Reports un estudio sobre los efectos de la contaminación en el sistema nervioso. Los resultados indican que los contaminantes presentes en el aire urbano cambian la expresión de genes inflamatorios y cancerígenos en el cerebro de ratones.

Se midio la concentración de contaminantes en la atmósfera de la ciudad de Los Ángeles, centrándose en el material particulado, una serie de moléculas líquidas y sólidas suspendidas en el aire que forman parte de las sustancias contaminantes. Después, simularon estas mismas condiciones en el laboratorio en donde mantuvieron a los ratones por temporadas cortas (2 semanas), medias (de 1 a 3 meses) y largas (1 año). Tan solo un mes de exposición fue suficiente para que los científicos detectaran acumulación de metales tóxicos como el níquel, el cobalto y el zinc en el cerebro de los roedores.

También analizaron la expresión genética en las neuronas de estos ratones, y encontraron que la contaminación del aire aumentaba la expresión de genes inflamatorios y de genes promotores del cáncer. Estos resultados apoyan los de investigaciones previas. Por ejemplo, se ha detectado un incremento en los marcadores de inflamación en el cerebro de personas residentes en conurbaciones como es el caso de la Ciudad de México, asociado a la polución.

Estos estudios están logrando demostrar que los efectos de la polución en el aire no se limitan a nuestros pulmones y nuestras vías respiratorias, sino que los contaminantes tienen la capacidad de llegar a nuestro encéfalo.

Según los investigadores, habría dos posibles mecanismos. En el primero, los contaminantes ingresan a los pulmones y pasan a la sangre en los alvéolos. Después la sangre los transporta hasta el interior del cerebro. En el segundo mecanismo, los investigadores proponen que la entrada de contaminantes en el sistema nervioso central se da por medio de nuestra nariz. La nariz está formada por el epitelio olfativo que, a su vez, se compone de neuronas modificadas. Estas se encargan de captar y responder a moléculas solubles en el aire. Los investigadores creen que los metales tóxicos ingresan directamente en estas neuronas y viajan a través de ellas hasta el bulbo olfatorio alojado en la base del cerebro.

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