(2018-06-28) Sevilla: "La sanidad necesita transformación y no puede salir solo del dinero público"

Nunca salió de la actualidad política y social, pero ahora vuelve a estar en primera línea. Jordi Sevilla, quien fuera ministro de Administraciones Públicas de Zapatero, también es una de las personas más cercanas a Pedro Sánchez en el ámbito económico, hasta el punto de que se llegó a especular sobre su posible futuro como ministro.

Además acaba de publicar junto a Ignacio Riesgo 'Qué está pasando con tu sanidad', un libro en el que ambos establecen el 'statu quo' de la sanidad española actual y sus perspectivas de futuro. Quedamos con él para charlar sobre el modelo sanitario español y, evidentemente, también sobre la situación política y el nuevo Gobierno.

PREGUNTA: ¿En qué situación está ahora mismo la sanidad española? ¿Qué nota le daría?

RESPUESTA: El modelo sanitario que se montó en los años 80 está respondiendo bastante bien a los recortes y las privatizaciones, pero nuestro libro intenta lanzar un mensaje muy claro a los ciudadanos y los poderes públicos: todavía estamos resolviendo problemas de la sanidad del siglo XX (muy centrada en el médico y la farmacología) y deberíamos empezar a resolver problemas de la sanidad del siglo XXI (basada en el paciente y la tecnología). Y eso introduce un cambio organizativo. Ya lo decía Gregorio Marañón: "La sanidad española trata muy bien las enfermedades y muy mal a sus pacientes". Los pacientes están cambiando, las enfermedades crónicas están creciendo, la tecnología es muy distinta... y en España podemos correr el riesgo de tener hospitales para pacientes agudos cuando lo que necesitamos son residencias para crónicos, sobrarán plantas de hospitales y faltarán plantas de atención sanitaria. Por otro lado, la sanidad pública y la privada deben mirarse de igual a igual y con una relación perfectamente delimitada y clarificada para evitar cualquier sombra de duda. En España hay una sanidad privada muy distinta a la de hace 20 años: ahora 10 millones de españoles tenemos una póliza privada, y muchas veces puede prestar el mismo servicio que la pública. No deben darse la espalda, sino colaborar.

P: Me habla de que España necesita adaptarse y cambiar progresivamente su modelo, pero, ¿cómo se hace eso?

R: Necesitamos un pacto de Estado sobre la sanidad, sobre todo teniendo en cuenta la cogobernanza entre el ministerio y las comunidades autónomas. En el libro hemos definido siete ejes con 33 medidas concretas que tienen que llevarse a cabo y cuándo implantar cada una. En cualquier nuevo modelo siempre hay resistencia al cambio, pero esto tiene que estar en el debate, tiene que haber una ruta del cambio: hay que invertir dinero, hay que cambiar la forma en que funcionan los centros sanitarios, hay que regular la colaboración público-privada, hay que poner al paciente en el centro... Son cambios más internos que externos.

P: En los últimos años el gasto en sanidad pública ha ido subiendo y bajando, pero el privado siempre ha ido subiendo, sobre todo cuando el público bajaba. Usted defiende, sin embargo, que hay correlación, pero no causalidad

R: Exacto. Ha podido haber casos de privatizaciones o concesiones con situaciones de abuso, y esas están en los tribunales, pero deberíamos tener un sistema sanitario con una parte prestada con lógica privada y otra con lógica pública. Deberían hablar más, coordinarse más y regularse con una ley de colaboración público-privada precisamente para establecer, con luz y taquígrafo, qué relaciones pueden ser buenas y cuáles conviene evitar para despejar dudas. Lo que no vale es darle la espalda al asunto. Además, ¿por qué en la sanidad tenemos este debate y en la educación no hay problema en los conciertos entre centros concertados y públicos? ¿Por qué en los servicios a la dependencia tampoco se plantea esta pugna?

P: Hombre, sí que hay debate en esos sectores...

R: Sí, pero no tanto como en la sanidad. Tenemos que ser conscientes de que tanto la sanidad pública como la privada forman parte del objetivo de proporcionar un buen sistema sanitario. Con luz y taquígrafos, sí, pero no podemos cerrarnos.

P: ¿No ve lícitas las sospechas del ciudadano ante este tipo de colaboraciones? Venimos de años en los que esos modelos han sido puestos en entredicho...

R: Sí, si lícita es. Pero, por ejemplo, que en la Gürtel haya habido casos de concesiones administrativas irregulares no significa que ahora dudemos de todo el sistema de concesiones. Puede haber casos puntuales, pero no podemos levantar una infundada sombra de sospecha contra lo privado.

P: Entonces, quienes creen que es un error recurrir a la colaboración público-privada o quienes tienen sospechas, ¿están equivocados? ¿Sesgados?

R: No, tienen dudas porque las regulaciones no siempre están claras. Si optamos por procedimientos claros para todo el mundo no habrá lugar a las sospechas. Lo que yo digo es que la transformación que necesita nuestro modelo sanitario es muy difícil que venga solo de los fondos y el dinero público. Y, por tanto, o nos resignamos a no tener una sanidad del siglo XXI puntera o tendremos que incorporar el aporte de la sanidad privada.

P: Me decía antes que la sanidad española trata muy bien las enfermedades y muy mal a sus pacientes. ¿Y a sus empleados qué tal los trata?

R: Hay un exceso de protección laboral: es un personal estatutario con un tratamiento prácticamente equivalente al funcionarial y, como pasa con todos los funcionarios en España, se ha balanceado la seguridad laboral con una retribución por debajo del mercado a igualdad de situaciones. Hay que revisar ese modelo, que no viene de la sanidad pública, sino de la franquista. Otros modelos europeos, como el inglés, tienen un régimen laboral normal y corriente. Necesitamos que, de manera transitoria, los nuevos empleados que se incorporen a la sanidad española se incorporen al estatuto básico del empleado público (que hice yo siendo ministro), que, entre otras cuestiones, permite la evaluación del trabajo y pagar mejor. Ayudaría mucho a adaptar nuestro modelo sanitario a las necesidades que vienen.

P: Cambiando de tercio, usted participó en la elaboración del documento 'Retos económicos España 18'. Entre los retos hay uno que me llama la atención: España está creando empleo, pero no de la calidad que a todos nos gustaría. ¿Es un mito lo de 'el trabajador pobre'? ¿O existe en España?

R: En España no somos capaces de crear todo el empleo que necesitamos. Siempre hemos tenido un paro superior al de la UE. Antes lo excusábamos en la economía sumergida (como si otros países no la tuvieran), pero eso denota que España no es capaz de generar suficiente oferta productiva. Todos los países de la eurozona que sufrieron la crisis han vuelto ya a las tasas de empleo que tenían antes, pero España duplica la suya. Además, el empleo que estamos creando es muy precario. Hay exceso de temporalidad no voluntaria y retribuciones por debajo de lo que podría esperar el trabajador. Y ahí es donde aparece el trabajador pobre. Toda Europa tiene precariedad y trabajadores pobres pero es que España duplica la media europea en todos estos factores. Aquí siempre ha existido esa frase de 'Cuando empiezas a trabajar lo haces con un contrato temporal', pero claro, si solo el 8% de los contratos temporales se convierten en indefinidos, la temporalidad no es la manera de entrar en el mercado laboral sino de estar en él.

P: No puedo dejarle escapar sin preguntarle qué le parece el nuevo Gobierno.

R: Lo veo muy positivo, creo que al menos hay un cambio de mentalidad. Con Rajoy nos habíamos apalancado en la idea de que no hay que mover nada, y ahora vemos que sí que se puede hacer cambios, y solo ese aire fresco ya será muy positivo para España.

P: ¿Le ofreció Pedro Sánchez ser ministro?

R: Yo dejé de ser ministro en 2007 y di esa etapa por cerrada. Entonces tenía dos opciones: organizarme lo que me quedase de vida o vivir enganchado a que una vez fui ministro. Opté por la primera y no quiero cambiar. Desde donde estoy puedo ayudar a mi país y al Gobierno que me lo pida (y no es ningún secreto que con este tengo algunas concomitancias, incluso con el propio presidente), pero no he vuelto a plantearme volver a un puesto de ministro. Ni Pedro Sánchez me lo ofreció ni yo lo habría aceptado.

P: Ya que ha venido aquí sobre todo a hablar de sanidad, ¿qué le parece el nombramiento de Carmen Montón como ministra?

R: Es buena amiga mía y viene con un gran prestigio de gestión en la Comunidad Valenciana. La primera medida que ha tomado, revertir la prestación sanitaria a los inmigrantes, era muy necesaria. Incluso algún ministro del PP se arrepentía de haber recortado esa atención. Yo le pido que se lea mi libro, ya que tiene la oportunidad de liderar esa transición de la sanidad del siglo XX a la del siglo XXI.

P: ¿Cuánta vida política le augura a Pedro Sánchez?

R: Mucha. Es una persona que quería ser presidente del Gobierno y que quiere seguir siéndolo porque tiene un proyecto de país que solo se puede hacer desde la presidencia. Con lo que ha pasado estos dos últimos años y su capacidad para levantarse... no digo que sea imbatible, pero le hacen una persona resistente. Hoy por hoy, muy poca gente cree ya que no acertase con la moción de censura, y tiene la capacidad suficiente para ofrecer un proyecto que sea mayoritario en las próximas elecciones.

P: ¿Volverá entonces a ser presidente en las próximas generales?

R: Yo creo que sí.

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PD.: Cambia el gobierno, pero en la Sanidad Pública en lo sí que hay consenso de todos los partidos políticos que hasta ahora han gobernado, es en seguir avanzando en la colaboración público-privado, es decir, aumentando su privatización.