(2018-08-22) Sabadell prepara su salida de Ribera Salud para dejar atrás el negocio hospitalario.

El Banco de Sabadell ha comenzado a dar pasos para abandonar definitivamente el negocio de la gestión sanitaria y hospitalaria. La entidad que preside Josep Oliu ha renunciado como persona jurídica a la presidencia de Ribera Salud, una de las principales concesionarias de hospitales del país, con el grueso de su cuenta de explotación concentrado en la Comunidad Valenciana. El banco ha dejado de presidir la compañía en la que participa con un 50% y ha cedido el sillón en la cúpula del consejo de administración a Ramon Mas, un ejecutivo vinculado a la familia Lara (preside su patrimonial Inversiones Hemisferio) que ya ejercía de facto la presidencia de Ribera Salud en representación de la entidad financiera.

Se trata de un recambio aparentemente inocuo. Tocaba renovar los órganos de gobierno, y ahora Mas ejercerá el puesto de forma directa como persona física, aunque a las órdenes de accionista catalán. Sin embargo, se produce a apenas pocos meses de que comiencen a correr los plazos para la ejecución de la opción de venta de acciones que el banco suscribió con la americana Centene Corporation cuando esta se hizo en 2014 con el paquete de Bankia, el restante 50% de Ribera Salud. El Sabadell renunció a su derecho de tanteo y propició la entrada del operador sanitario con sede en San Luis (estado de Misuri) en lo que fue su primera aventura internacional, pero, como avanzó El Confidencial, puso a la vez plazos a su propia salida de la concesionaria: primer semestre de 2019. Oliu está resuelto a llevar a término la opcion de venta y deshacerse del paquete accionarial, según señalan en fuentes financieras.

El traspaso de la participación convertirá a Centene Corporation en propietaria del 100% de la empresa especializada en construcción y gestión de centros hospitalarios y de atención sanitaria de titularidad pública. La firma americana tiene bastante interiorizada la cultura de la colaboración público-privada porque ha crecido al calor de los programas sanitarios federales y estatales en Estados Unidos, como Medicare o Medicaid. La experiencia española buscaba poner un pie en Europa, aprender del mercado español y disponer además de una marca con la que explorar el mercado latinoamericano.

Lejos de ver crecer el negocio de Ribera Salud, Centene se ha encontrado con muchas resistencias políticas a la expansión del modelo de gestión privada de recursos sanitarios públicos. La Comunidad de Madrid renunció a las privatizaciones y el cambio de gobierno en la Comunidad Valenciana abrió una dura batalla entre la empresa valenciana, criada al arrullo del favor del Partido Popular, y el Gobierno del Botánico compuesto por PSPV-PSOE y Compromís, que ha trabajado para recuperar la gestión de las áreas de salud privatizadas.

La tensión entre Ribera Salud y la Consejería de Sanidad de Carmen Montón ha sido constante y alcanzó el cénit con la decisión de la ahora ministra de no renovar la concesión del Hospital de la Ribera (Alzira) y su área de atención primaria, como prometieron tanto socialistas como Compromís en su programa electoral. Pese a la presión ejercida, la Generalitat se ha cuidado de no forzar rescates anticipados que supondrían desembolsos millonarios por indemnización o lucro cesante. De hecho, no ha sido capaz todavía de recuperar otro de los hospitales, el de Dénia, participado también por DKV en sociedad con Ribera Salud, pese al deseo manifiesto de la aseguradora presidida por Javier Vega de Seoane de abandonar la concesión.

La migración de Montón al Gobierno de Pedro Sánchez parece haber rebajado la tensión política. La incorporación del Hospital de la Ribera a la red pública (que de momento todavía no se ha traducido en reducción de listas de espera o mejora en los índices de satisfacción) y la llegada de la nueva consejera, la también socialista Ana Barceló, han dado una tregua el enfrentamiento entre concesionaria y Administración. Las partes han iniciado conversaciones para llegar a un acuerdo en el cierre de las liquidaciones económicas pendientes de resolver. Sanidad reclama 104 millones solamente por los ejercicios 2013, 2014 y 2015 en el área de Alzira (Ribera gestiona además Torrevieja, Elx y Dénia, también con liquidaciones pendientes, al igual que las de 2016 y 2017). Esas cantidades surgen de cruzar los costes del tratamiento de pacientes que la concesionaria desviaba a centros de la red pública por sufrir dolencias que no formaban parte de su cartera de servicios. Es el principal argumento de los críticos del modelo: que Ribera Salud remite a centros de la red de gestión directa los pacientes con tratamientos más caros, maquillando así su supuesta eficiencia económica en la gestión.

No obstante, Ribera Salud alega que también atiende a personas que acuden a sus hospitales procedentes de otras áreas de salud y que estos costes asumidos deben ser liquidados a su favor. Así, cifra en 50 millones los gastos de pacientes que no le corresponden solamente en la Ribera en los ejercicios de 2013, 2014 y 2015, lo que reduce a la mitad la deuda con Sanidad.

Según fuentes cercanas al Consell de Ximo Puig, estas liquidaciones también están en el aire en el caso de Dénia. La voluntad es alcanzar un acuerdo que satisfaga a ambas partes y que podría derivar incluso en una solución para la venta de la participación de DKV a la Generalitat mediante la compensación de las deudas correspondientes a la liquidaciones sin cerrar.

Las tensiones políticas, las por ahora escasas perspectivas de crecimiento del negocio y el hecho de tratarse de una actividad ajena a su negocio 'core', el bancario y financiero, están detrás de las razones por las que el Sabadell quiere ejercer la opción de venta y entregar su 50% a Centene Corporation. La firma americana no ha dudado en mover sus hilos para presionar a Puig y frenar el rescate de hospitales para la red pública. Contactó con la Embajada de Estados Unidos en España, que remitió un carta al 'president' para pedirle que reconsiderase su actitud hacia la concesionaria. También el exministro de Defensa y embajador español en Washington, Pedro Morenés, medió en favor de la compañía americana, según publicó 'eldiario'. La respuesta fue que la Generalitat se había comprometido a no renovar el contrato del Hospital de la Ribera y a buscar una solución a Dénia, pero que el resto de concesiones seguían vigentes.

Ribera Salud no es el único activo sanitario del que quiere desprender el Sabadell. El banco también puso en el mercado en otoño del año pasado tres hospitales de su propiedad alquilados al Grupo Quirón, uno en San Sebastián, otro en Vizcaya y otro en Barcelona. En este caso, se trata de inmuebles en renta sin participación en la gestión. No obstante, la falta de acuerdo en el precio ha hecho que la entidad haya optado por suspender por ahora la comercialización de estos activos, tal como avanzó El Confidencial.

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