(2018-09-25) La reversión del Hospital de Dénia: los 40 millones que pide DKV y la fe del president Puig

¿Es aún posible el rescate del área sanitaria de la Marina Alta que el jefe del Consell ha anunciado ya hasta en cinco ocasiones?
El escepticismo ha ido calando entre los partidarios a que el centro vuelva a la gestión pública mientras que quienes se oponen, aún en minoría, han aumentado: los últimos, los populares de la Marina Alta

Tic-tac, tic-tac, tic-tac. El reloj de esta legislatura corre ya de forma irremediable y al presidente de la Generalitat, el socialista Ximo Puig, se le agota el tiempo para cumplir ya no sólo con lo que en 2015 fue una promesa electoral del PSPV, sino también un compromiso del Pacte del Botànic que sustenta el Consell y una exigencia innegociable para sus otros dos socios, Compromís y Podemos: la reversión del Hospital de Dénia. O, lo que es lo mismo, el gran culebrón de este mandato autonómico ya no sólo para la Marina Alta sino para toda la Comunitat.

Lo que no se puede negar es que Puig es un hombre de fe. Hasta en cinco ocasiones ha prometido en firme que la sanidad de esta comarca regresaría a la gestión pública, igualando así los derechos sanitarios de los habitantes de la Marina Alta con los de gran parte del resto del territorio valenciano. Encendió por primera vez la luz verde de la reversión durante su famosa visita en Pedreguer en 2016, la volvió a prender en el debate sobre política general de aquel año, por tercera vez en el debate de 2017, en abril de 2018 cuando aseguró que antes del verano se entraba en el «proceso definitivo de negociación» y por fin la pasada semana, en el último debate de política general. Otra vez.

El problema en que en todo este tiempo han habido tan pocos avances públicos sobre la cuestión –e incluso algunos retrocesos, como las dudas que en su día manifestó la exconsellera y ahora ya también exministra Carmen Montón–, que el escepticismo ha calado por todas partes: entre quienes se manifiestan a favor del rescate y que son la inmensa mayoría de alcaldes de la comarca, la plataforma de usuarios y los sindicatos; como entre quienes se oponen a ella de frente, empezando por la mercantil Ribera Salud (socia minoritaria de Marina Salud, la concesionaria del hospital dianense), los diferentes lobbys empresariales de la Comunitat, el PP, puede que Ciudadanos y una, por su gran número, sorprendente legión de medios de comunicación autonómicos. La verdad que es el tiempo ha ido pasando sin resultados concretos. Tic-tac, tic-tac, tic-tac.

Pero Puig mantiene la fe. Una fe inmensa. Si no, no se entiende que hace ya unos días fuera tan taxativo, argumentando en ese debate de política general en el que toda la Comunitat le mira con lupa que la reversión estará antes de que concluya la legislatura. Nadie se arriesga a realizar un anuncio de ese calibre a tan poco de las elecciones. Es exponerse a perder de forma más que ingenua un puñado de votos y a encajar, cuando estemos ya en campaña electoral, un buen aluvión de ataques de los rivales. Así que el president y su equipo saben algo que nadie más sabe y que hace factible ese camino de reversión que tantos agoreros siguen viendo repletos de espinas.

¿Qué es lo que sabe hasta ahora?

Que la Generalitat y Marina Salud han negociado. Eso es seguro porque ya en su día Montón afirmó que el asunto pasaba de la conselleria de Sanidad a la de Economía de Vicent Soler, que es la que ha de hablar de dinero, de compensaciones económicas con la concesionaria. El Consell ha negociado sobre todo con una parte de Marina Salud, su socio mayoritario, la aseguradora alemana DKV, que tiene el 65% de las acciones de la mercantil (el otro 35% es de Ribera Salud). El problema es que ésta es una negociación muy peliaguda y casi sin precedentes, así que todos los actores niegan lo que todo el mundo sabe.

Y se juega al despiste. Ése ha sido el caso de DKV. Es de dominio público desde hace años que el gigante germano quiere marcharse de Dénia y que la Generalitat quiere iniciar la reversión comprándole su paquete de acciones para convertirse en el socio mayoritario del área sanitaria de la Marina Alta. Pero pese a estas evidencias, justo el día después de que Puig se comprometiera por quinta vez a ejecutar la reversión, una revista especializada como Redacción Médica preguntaba a DKV qué opinaba sobre el asunto y la aseguradora declaraba que “estaba dispuesta a hablar” (¡a estas alturas, dispuesta a hablar, aún!) sobre la venta de sus acciones a la Generalitat si ésta les hacía una buena oferta.

Eso es imposible. El Consell y DKV ya han hablado. La propia consellera actual, Ana Barceló, aseguró en junio que ya se habían iniciado las negociaciones con la concesionaria y que avanzaban a buen ritmo. Pero es lo de siempre. Se dice que no a lo que todo el mundo sabe que sí.


40 millones, nos vamos y usted se las apaña con Ribera Salud

¿Cuál es esa oferta por la que la consesionaria estaría dispuesta a hablar (y en realidad ya está hablando)? De salida, 40 millones de euros. Eso es lo que se dice en Marina Salud.

Ahora bien, hay otro problema. Ribera Salud, el socio minoritario, no se quiere ir. Es decir que si la Generalitat lograra quedarse con las acciones de DKV, la concesión no sería pública por completo sino que habría una participación privada de un 35%. Sin embargo, la pasada semana en les Corts, Puig garantizó por el contrario que antes de que acabe la legislatura el Hospital de Dénia será público “al 100%”. Al cien por cien. Lo dicho: parece que Puig sabe alguien que nadie más sabe.

Por si fuera poco, los medios de comunicación más próximos a Ribera Salud, que cada vez son más, no se cansan de repetir que esta empresa tiene derecho de tanteo: es decir, una opción preferente para quedarse las acciones de DKV antes que la propia Generalitat. Con lo que la concesión seguiría así siendo enteramente privada.

Para evitar eso, y gracias a Compromís, el Pacte del Botànic forzó una modificación de la Ley de Salud que eliminaba ese derecho de tanteo subrayando que ningún socio puede tener más de un 40% de una gestión sanitaria.

Y lo que sigue es un engorroso debate burocrático. Los juristas de Ribera Salud esgrimen a su vez una ley anterior, la de Contratos del Sector Público, de 2017, que dice que la cláusula que incorporó Compromís no es retroactiva y que Ribera Salud sí tendría derecho a las acciones de DKV “si hay cumplimiento satisfactorio de las condiciones pactadas” cuando se realizó la concesión.

Ahora bien, lo que Ribera Salud y sus medios próximos parecen ignorar una y otra vez es que eso de la “satisfacción de las condiciones pactadas” es más que relativo: muchas condiciones que Marina Salud debía haber cumplido cuando se hizo cargo del hospital de Dénia no se han cumplido, ni en cuanto a calidad asistencial ni en cuanto a infraestructuras ni en cuanto a trato con la plantilla sanitaria.

De hecho esos medios -alentados, es verdad por la lentitud de Puig a la hora de concretar cosas- se empeñan en difundir que lo del rescate es una especie de capricho ideológico del Consell actual, olvidando la larga lista de deficiencias de Marina Salud que los usuarios han denunciado y padecido durante años.

Esa lista es tan larga, que algunas voces de los sindicatos, así como de Compromís y Podemos, llevan tiempo diciendo que en realidad la Generalitat tenía derecho a rescindir el contrato con Marina Salud sin más, en base a esos incumplimientos y sin pagar ni un euro de las arcas autonómicas. Pero Puig también ha insistido en que el retorno a la gestión pública ha de hacerse “con todas las seguridades jurídicas”. Nada de rescindir por las bravas. Y vuelta a empezar.

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