(2017-05-25) La contaminación de las térmicas provoca 700 muertes prematuras al año.

Un estudio atribuye que 62 personas murieron en Castilla y León por enfermedades en las que fueron decisivos los dióxidos de azufre y nitrógeno.

Un estudio elaborado por el Instituto Internacional de Derecho y Medio Ambiente (IIDM) atribuye a la altísima contaminación generada por las 15 centrales térmicas que funcionan con la quema de carbón la muerte prematura cada año de unos 700 españoles, principalmente residentes de las mismas zonas en que están enclavadas la mayoría de estas instalaciones, el noroeste de la península.

Informe "Un oscuro panorama".

El estudio es nacional, pero los daños a la salud no son iguales en todo el territorio. Se concentran sobre todo en la mitad norte, y especialmente en el noroeste. Es la consecuencia de que más de dos tercios de las térmicas de carbón, once, estén en Asturias (5), norte de León y Palencia (4) y Galicia (2). El mapa se completa con tres instalaciones en Andalucía y una en Aragón y en Baleares.

El resultado de la alta concentración de emisiones es que un asturiano tiene seis veces más posibilidades de morir de forma prematura por efecto de las partículas en suspensión que un andaluz; que un cántabro, un castellano y leonés o un gallego triplica el riesgo de deceso de un extremeño; o que un aragonés o un vasco duplican las posibilidades de morir por este tipo de compuestos que tiene un madrileño. En cualquier caso, el riesgo de un leonés es similiar al de un asturiano dada la concentración de centrales en la provincia.

Entre las comunidades donde están ubicadas las centrales de carbón, Asturias es la que tiene el número más de defunciones, con 6,97 por cada 100.000 habitantes en riesgo, seguido de Castilla y León, con una tasa que se sitúa en el 3,44 personas. Una cifra que se elevaría si se tuviese en cuenta únicamente la provincia de León al contar con tres centrales térmicas.

709 fallecimientos, 62 en Castilla y León
Los expertos, con metodología de la Organización Mundial de la Salud y los datos sobre emisiones de estas centrales en 2014, han concluido que ese año fallecieron 709 personas por enfermedades en las que fueron decisivos los dióxidos de azufre y nitrógeno, pero sobre todo las partículas en suspensión, generados por la combustión del carbón para la producción de electricidad.

Según estas estimaciones, en Castilla y León se pueden atribuir un total de 62 fallecimientos durante el 2014, representando la tasa más elevada por debajo sólo de la Comunidad Valenciana, donde se registraron 76 muertos, y Galicia, con 63. En Asturias se contabilizaron un total de 56 muertes.

La misma contaminación atmosférica sería responsable de 459 hospitalizaciones por patologías cardiovasculares y respiratorias, de 387 casos de bronquitis crónicas en adultos, y de 10.521 nuevos episodios de asma en niños y de 1.233 bronquitis infantiles.

El informe 'Un oscuro panorama. Los efectos en la salud de las centrales térmicas de carbón en 2014' llega a detallar el número de muertes de las que son responsables cada uno de los gases de combustión. El elemento más mortífero son las denominadas partículas en suspensión. A las 4.008 toneladas de estos compuestos que las térmicas lanzaron a la atmósfera le achacan 586 muertes prematuras, el 82% del total.

Prácticamente la mitad de estos fallecimientos se deberían a ictus y otros accidentes cerebrovasculares y a patologías cardiovasculares como el infarto, la insuficiencia cardiaca, la hipertensión o la angina de pecho. Los otros dos grandes grupos de dolencias letales son los cánceres -tumores de tráquea, bronquios o pulmón- y las enfermedades respiratorias como la bronquitis o la bronquiolitis.

Gasto sanitario
El siguiente gas más mortal es el dióxido de nitrógeno. Las 83.723 toneladas de este compuesto tóxico e irritante producidas por las térmicas habrían provocado 107 muertes prematuras por patologías muy similares a las anteriores. El tercer contaminante letal, del que estas centrales arrojaron a la atmósfera 105.650 toneladas en 2014, es el dióxido de azufre, al que le atribuyen 16 fallecidos.

El análisis calcula que el gasto sanitario -decesos, ingresos, tratamientos, fármacos- y las pérdidas por absentismo laboral provocadas por la contaminación de estas centrales tuvieron un coste para las arcas públicas de entre 880 y 1.667 millones de euros solo en 2014, ejercicio en que por esta razón se desperdiciaron 163.326 jornadas de trabajo y durante 747.686 días hubo empleados que tuvieron una actividad restringida por su mala salud.

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