(2018-02-23) Francia. Cáncer: las autoridades observan el incinerador de Lunel-Viel

Se sospecha que la planta incineradora incrementa la incidencia de cáncer.

Bajo la presión de los profesionales de la salud, las autoridades abrieron este expediente.

¿Los habitantes de Lunel-Viel, un pequeño pueblo de la región de Hérault, se envenenan lentamente por el incinerador de residuos domésticos, que escupe en el aire su humo cargado de dioxinas, furanos, hidrocarburos y metales pesados? Algunos lo temen. De hecho, desde la instalación de la planta en 1999, el impacto del incinerador en la salud de la población local ha alarmado a los habitantes de la región, que se han apoderado de las autoridades sanitarias.

El caso es grave. El registro de tumores y cáncer de Hérault dio sus últimas conclusiones en octubre de 2016. Sus resultados no son tranquilizadores, o no son del todo tranquilizadores. El Registro muestra una sobreindicación de cánceres en las zonas expuestas a las emisiones de la planta, especialmente en los municipios situados en la "rosa de los respiraderos" - Lansargues, Candillargues, Saint-Just, Lunel-Viel, Saint-Nazaire-de-Pézan, Mauguio, Mudaison y La Grande-Motte, donde los contaminantes son transportados por el viento.

Ningún vínculo

Pero como siempre, la relación causal entre plaguicidas y cánceres en Burdeos, así como los residuos mineros y las patologías observadas en algunos municipios de los Cévennes, no ha sido comprobada - como tampoco lo es entre plaguicidas y cánceres en Burdeos. "Si podemos lamentar la progresión generalizada de ciertos cánceres, es una suerte para los vecinos de Lunel-Viel ver que este estudio no los atribuye a la presencia de la incineradora", escribe la ciudad en su web.

El argumento es convencer a los lugareños, especialmente a los profesionales de la salud de la región". Hay una sobreincidencia de linfomas malignos de Hodgkin, sarcomas de tejidos blandos, mieloma múltiple... Todos estos son cánceres ligados a las dioxinas", insiste Francis Glémet, portavoz de AMIES (Asociación de Médicos Independientes para el Medio Ambiente y la Salud Pública), que lleva la lucha.

La ARS promete investigar

Los habitantes piden la luz sobre estos elementos. Gracias a su tenacidad, lograron que la Agencia Regional de Sanidad (ARS) prometera abrir el expediente y examinar el asunto con más seriedad. Los representantes de la asociación se reunieron con miembros de la administración de salud esta semana. "Tomaron nota del principio de que era necesario discutir con los funcionarios electos para reducir la cantidad de residuos incinerados y buscar métodos alternativos", prosigue Francis Glémet.

Sobre todo, el ARS prometió realizar un estudio descriptivo involucrando a los residentes con un sistema de cuestionarios. El objetivo es evaluar el nivel de exposición de los residentes, y sus hábitos de vida, que podrían influir en su riesgo de padecer cáncer. Por último, se realizará un metanálisis durante seis meses para recabar información sobre la toxicidad de las dioxinas, que, además de su efecto cancerígeno, perturban el sistema endocrino.

"El problema son las normas."

"Vigilaré el grano", dice Francis Glémet. Él ya ha podido constatar la "lucha armada con estadísticos y epidemiólogos" de Santé Publique France, la agencia francesa de salud, que requiere cifras antes de considerar acciones concretas para proteger a las poblaciones.

"El problema son las normas", suspira este farmacéutico retirado. La planta los respeta, no hay problema; el problema es que no han evolucionado desde 1983 y se construyeron cuando el conocimiento del impacto en la salud era muy pobre.

Mientras tanto, la Asociación está tratando de actuar con sus medios. Al acelerar la tasa de emisión de partículas producidas por los productos incinerados a nivel de chimenea, los beneficios serian menos elevados, explica Francis Glémet, que no se engaña a sí mismo:"Modificar las normas, evaluar el impacto real, tomar medidas de precaución, llevará tiempo y mucho dinero". Y sin duda, una buena dosis de coraje político.

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