(2016-04-18) Canadá. Financiación de médicos: gigantes farmacéuticos abren su contabilidad

En 2014, las sociedades farmacéuticas pagaron más de 6.000 millones a médicos y hospitales americanos para financiar investigaciones, congresos, conferencias y otros gastos similares. Estos datos han podido publicarse en Estados Unidos gracias al Sunshine Act, que obliga a las empresas a divulgarlos. Hoy se puede saber, por ejemplo, que el profesional que he recibido más dinero de sociedades farmacéuticas en 2014 (43.9 millones) es un médico de primaria californiano. Nada parecido existe en Canadá, donde es imposible saber qué sumas anuales de esta índole reciben los médicos.

Más transparencia
Desde hace años, las sociedades farmacéuticas se plantean la cuestión de la transparencia, según Russell Williams, presidente de Medicamentos Innovadores Canadá. Últimamente, diez grandes miembros de la industria canadiense han decidido que, a partir de 2017, divulgarán las sumas pagadas anualmente a médicos. Ningún pago individual será publicado, únicamente las cifras atribuidas a tres partidas presupuestarias.

Las sociedades es cuestión son: Abbvie, Amgen, Bristol-Myers Squibb, Gilead, GSK, Eli Lilly, Merck, Novartis, Purdue, Roche. Y las partidas presupuestarias: servicios profesionales (conferencias, comités consultativos, etc.); comanditas, donaciones y subvenciones; patrocinio en materia de desplazamientos a congresos y reuniones mundiales.

Escepticismo
Marc-André Gagnon, profesor de políticas públicas de la Universidad Carleton, se muestra escéptico ante la iniciativa farmacéutica canadiense, que califica de estrategia publicitaria: “La industria no abraza la transparencia sin razón”. Y piensa que estas empresas quizás quieran adelantarse para escapar a la transparencia obligatoria. El señor Williams lo niega: “En todas partes las farmacéuticas se encaminan hacia una mayor transparencia. Se trata de un movimiento”. El gabinete de la ministra federal de Sanidad no ha confirmado a La Presse si un proyecto de tipo Sushine Act está en marcha.

Conflictos de intereses potenciales
Paul Thacker, periodista estadunidense instigador del Sushine Act, indica que un reciente análisis de ProPublica muestra que los médicos subvencionados por las empresas farmacéuticas tienen mayor tendencia a recetar medicamentos de origen, más caros que los genéricos. “De ahí la importancia de la publicación de datos. Estas compañías no son organismos caritativos, y esperan un retorno de inversión”. Williams dice enfrentarse a menudo con este tipo de crítica, y asegura que la industria posee un código de deontología al que suscribe rigurosamente.

Actor esencial
Russell Williams mantiene que las sociedades farmacéuticas ayudan a la red sanitaria, principalmente financiando la formación continua de los médicos. “Somos a menudo los únicos asociados financieros al respecto. Sin nuestra colaboración, los profesionales no tendrían acceso a la información de última hora”. Thacker asiente. “El problema no es que médicos y farmacéuticas colaboren, sino ignorar que colaboran. Po eso es importante la divulgación de sumas pagadas por médico. Solo así se pueden analizar los estudios con todo los datos pertinentes disponibles.”

Williams replica que, en Canadá, no se pueden publicar las sumas pagadas por cabeza sin el consentimiento de los interesados. “Y calculamos que menos de 25 % de los médicos lo darían. Sin mencionar nombres podremos hacer públicas las sumas totales. Es un paso en la buena dirección”.

Las normas quebequenses
El código de deontología del Colegio de médicos del Quebec (CMQ) estipula que todo médico debe “conservar en todo momento su independencia profesional y evitar toda situación que le ponga en conflicto de intereses”. Un médico solo puede aceptar “compensaciones o retribuciones de compañías farmacéuticas por su implicación en investigaciones realizadas bajo la supervisión de un comité de ética”. “Resumiendo: en la provincia de Quebec, un médico no puede hacerse pagar su asistencia a conferencias o sus gastos de participación a congresos”, precisa Caroline Langis, portavoz del CMQ.

Traducido por Luis Carlos Fernández Montes para CAS madrid.

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