(2016-01-05) ¿Por qué los cribados contra el cáncer no alargan la vida?
Antoni Sitges. Doctor en Medicina (UAB 1979), Jefe de Departamento de Cirugía del Hospital del Mar y Catedrático de Cirugía (UAB).
He escrito en este y en otros medios que la popularidad de los cribados contra algunos de los tumores malignos más frecuentes (mama, próstata y colon) responde más bien a cierta hipocondría social cuando no al abuso interesado de algunos profesionales que en evidencias científicas incontestables. Que hacerse pruebas con regularidad contra el cáncer no alargue la vida parece a primera vista un hecho contrario a la simple intuición. De hecho, la mayoría de ciudadanos ha sido conducida a pensar que estas pruebas forman parte de la así llamada medicina preventiva pero, en realidad, poco tienen que ver con ésta. La medicina preventiva reúne un conjunto de conocimientos sobre los estilos de vida y de potenciales factores de riesgo para enfermar, pero no dice nada sobre la conveniencia del diagnóstico precoz relacionado con los cribados del cáncer. Que los legos en materia de medicina confundan estos términos me parece hasta cierto punto comprensible; lo que resulta extraño es que haya tantos médicos que sufran una confusión similar.
Las críticas que he recibido no pocas veces de mis colegas para criticar la popularización de los cribados parten de este error de base. Pero además, los pasa por alto el hecho de que los cribados detecten más cánceres de los que se diagnosticarían si los pacientes fueran estudiados cuando desarrollan síntomas, no supone en modo que éstos alarguen su esperanza de vida. En cambio, sí es cierto que los cribados generan miles de exploraciones complementarias totalmente innecesarias (análisis, radiografías, endoscopias) cada una de ellas con sus potenciales riesgos para la salud además de la ansiedad que suele acompañar la espera de resultados y los falsos positivos.
Otro de los motivos por los que los especialistas creen beneficiar a los ciudadanos sometiéndolos a exámenes periódicos por "si acaso" tuvieran un cáncer asintomático, se funda precisamente en la visión sesgada hacia su especialidad que los caracteriza y en la falta de perspectiva global sobre la salud. El caso de los gastroenterólogos y endoscopistas involucrados en el cribado del cáncer de colon es típico. Olvidan que aunque el cribado del cáncer de colon contribuye a aumentar el número de diagnósticos y que en algunos estudios muestre un cierto impacto en la mortalidad específica para este tipo de cáncer, no significa que alargue la vida de los pacientes a los que se les diagnostica.
Una investigación publicada en 2013 en New England Journal of Medicine, presenta curvas de supervivencia a largo plazo idénticas en grupos de más de 10.000 ciudadanos sanos sometidos a cribado anual, bianual o no cribados para cáncer de colon. En el grupo no cribado hubo 90 muertes más por cáncer de colon que en el grupo cribado anualmente pero a los 30 años de seguimiento la mortalidad por cualquier causa fue idéntica en los tres grupos. Para un cirujano observador de lo que sucede en su entorno, la explicación es muy sencilla: hoy se están interviniendo en nuestros hospitales por tumores malignos de colon y recto en pacientes de edad avanzada con enfermedades asociadas que en poco se beneficiarán de la cirugía. Unos pocos pueden morir después de la intervención, otros pueden quedar con secuelas que empeoren su calidad de vida otros, finalmente, morirán por causas que nada tienen que ver con su neoplasia.
Algo similar ocurre con el cáncer de próstata tal y como ha demostrado una revisión Cochrane de cinco estudios randomizados con más de 300.000 pacientes. Mientras suman miles los pacientes sometidos inútilmente a prostatectomías, tiroidectomías o mastectomías que arrastrarán durante años las secuelas indeseables. El equivocada confianza en los cribados contra el cáncer constituye ya un nuevo mito social y médico de esos que la revista Nature (2015) ha catalogado como inmortales en un artículo reciente titulado 'Myths that will not die', que recomiendo encarecidamente a todos los médicos, administrativos y gestores implicados en los cribados del cáncer.
Resulta fascinante tratar de entender por qué los cribados, aunque diagnostiquen más cánceres, no tienen ningún impacto sobre la esperanza de vida. British Medical Journal en un brillante trabajo ofrece dos pistas:
1) Confusión mortalidad específica para un tipo de cáncer con mortalidad por cualquier causa
2) Los cribados pueden tener un efecto contraproducente y sus secuelas y efectos adversos contrarrestar el pequeño beneficio que pudieran tener sobre la mortalidad del cáncer en cuestión.
Es lamentable, además de perjudicial, la agresividad con la que los responsables de los programas de cribados citan al personal para someterse a pruebas diagnósticas e incluso retoman los ciudadanos que no acuden a las citas programadas. Es urgente acabar con estas prácticas y, como mínimo, dejar en manos de cada uno de nosotros la decisión de participar o no en estas prácticas científicamente deshonestas, de dudosa eficacia y alto costo.
