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Y así hasta el infinito, mientras el sistema sanitario se desangra, sus partes rentables son privatizadas, y las clases medianeras son empujadas hacia los seguros privados.

Y todxs sabemos que necesariamente lo que llevan haciendo desde hace dos décadas los cachorros del PP, con la connivencia de la izquierda institucional, es legal. Es imposible de ocultar que el proceso de privatización de la sanidad y el trasvase, previo desmantelamiento de los centros públicos, del dinero de nuestros impuestos hacia a multitud de empresas privadas es consecuencia de la Ley 15/97 y del artículo 90 de la Ley General de Sanidad (conciertos privados). Por tanto, su aplicación es lo que se espera de nuestros gobernantes. Al delegar en ellos, asumimos que los gobernantes aplicaran el cuerpo normativo vigente. Aunque su aplicación demuestre la incapacidad del Estado de garantizar la atención sanitaria, la alimentación, la vivienda…para aquellos sectores “improductivos” y que suponen fuertes cargas a sus arcas.

Todo es legal, pero en lugar de ir a las causas del problema, curiosamente la izquierda del capital continua haciendo performances, autosatisfecha por ocupar los platós de las cadenas “progres” de TV en prime time (mientras se veta a los que osan apuntar a los responsables de la situación), denunciando repetidamente y machaconamente los síntomas del desastre: centros sanitarios jibarizados cuando no cerrados, plantillas insuficientes, huida de profesionales, fracaso del sistema sanitario, listas de espera inimaginables hace años….. peo se abstendrán de explicar porqué ocurre, quienes son responsables y lo mantienen y como se podría solucionar. Les va en ello seguir apareciendo en los medios de desinformación social.

Y también saben que no solo ocurre en nuestra Comunidad. Saben que donde gobierna la “izquierda institucional”, como es el caso, por ejemplo, de Baleares (PSOE, Unidas Podemos, MES), el proceso es exactamente igual, solo que llevan ya dos legislaturas no solo sin enmendar el desastre, sino engordándolo. Allí hospitales públicos privatizados por décadas, montañas de dinero publico fluyendo a través de los conciertos hacia los hospitales privados (el 52% de las camas actualmente ya son privadas), privatización de las vacunaciones, e incluso algo a lo que todavía no se ha atrevido Ayuso: la puesta en manos privadas del servicio de anestesia y reanimación del hospital de Ibiza, dándole 1,6 millones de € a una empresa privada para que lo dote de anestesistas –si el IB-SALUT no logra profesionales será porque no los cuida bien-. Todo este despropósito está a la orden del día. Sin embargo, No hay ruido mediático, es la izquierda institucional la que privatiza, por tanto, no hay plataformas en defensa de la sanidad pública que denuncien y movilicen (estuvieron activas mientras gobernaba la derecha).

Estas son las enseñanzas importantes que debemos retener. No depende de quien gobierne, sino de lo que los de abajo les dejemos hacer. Y en este momento, mientras mantengamos el marco jurídico que lo permite, la izquierda y la derecha están legitimadas para privatizar y transferir nuestros dineros a bolsillos privados. La experiencia de los 20 meses de Covid que llevamos, lo demuestra: la izquierda en el Gobierno central no solo ha permitido a la derecha acelerar el desmantelamiento de la sanidad en las Comunidades Autónomas donde gobierna, sino que ha mirado para otro lado en las que sus compañeros de partido gestionan el desastre.

Si realmente queremos enfrentar este problema debemos de actuar contra sus causas. Solo manteniendo al sistema sanitario al margen del negocio, del ánimo de lucro, podremos recomponer un sistema sanitario universal, que actúe contra los determinantes de la enfermedad y sea capaz de atender en plazos razonables a todas las personas. Pero para ello es imprescindible, en primer lugar, derogar las leyes que permitieron convertir nuestra sanidad en un bazar turco, y blindar el sistema de forma que ni un euro de nuestros impuestos, nunca pueda ir a parar a bolsillos privados. No hay caminos intermedios para recuperarlo, lo demás es simbolismo y engaño. No nos quejemos, actuemos.

CAS Madrid, octubre de 2021